La otra grandeza de los Beatles Parte I

Los Beatles no eran virtuosos y esa fue su mayor ventaja


Existe una idea profundamente arraigada en la cultura musical moderna de que la grandeza artística es proporcional al virtuosismo técnico. Más notas, más velocidad, más complejidad y más supuesta legitimidad. Bajo esa lógica, los Beatles deberían ocupar en la historia del rock un lugar muy lejano al primero. Y sin embargo ocurre exactamente lo contrario. La razón es simple y a la vez incómoda, los Beatles no tocaban para demostrar lo que sabían hacer, sino para descubrir lo que aún no sabían.

La falsa desventaja que la gente creó pero que nunca existió fue que ni John Lennon ni Paul McCartney fueron instrumentistas deslumbrantes, George Harrison nunca quiso competir con los guitarristas más rápidos de su generación y Ringo Starr, durante décadas, fue injustamente reducido a la caricatura del menos técnico. Lo cual es técnicamente falso, considerando que él aprendió mucho antes que los otros y con algunos músicos de jazz en Liverpool y Hamburgo.

Si uno mide a los Beatles con la regla del virtuosismo académico, saldrían perdiendo. Pero esa comparación parte del error fundamental de basarse en perfeccionismo porque ellos no jugaban a ese juego y no buscaban dominar sus instrumentos, buscaban que las canciones respiraran.

Ellos hacían canciones como centro de algo y no por ego. Al no estar obsesionados con la destreza, los Beatles tomaban decisiones musicales que hoy resultarían casi heréticas como dejar espacios, repetir patrones simples, priorizar el color de la canción sobre la complejidad de la misma y aceptar limitaciones como punto de partida creativo.

George Harrison demostró en sus solos de guitarra que una sola nota bien colocada podía decir más que una ráfaga de escalas estilo Petrucci. Ringo, lejos de no saber tocar, tocaba exactamente lo que la canción necesitaba y no necesitaba nada más y eso no era ni fue nunca falta de técnica, era criterio.

Los Beatles aprovecharon la libertad de no ser músicos serios porque, paradójicamente, su falta de formación académica fue lo que les permitió avanzar sin prejuicios. No tenían que respetar reglas porque no las conocían del todo. Y cuando las conocieron, ya estaban acostumbrados a romperlas. Y eso dio paso a los artistas que vinieron después de los Beatles.

Los Beatles usaron el estudio como instrumento, mezclaron música india,

electrónica, música concreta y pop. También alteraron estructuras tradicionales sin pedir permiso y experimentaron con todo sin justificar nada.

Un músico excesivamente consciente de su técnica suele cargar con un peso invisible como el miedo a equivocarse. Los Beatles no tenían ese problema. El error era parte del proceso y de hecho por el concepto error crearon canciones que hoy son leyendas.

Todo lo señalado creó el contraste con el virtuosismo posterior ya que mucho del rock progresivo y del rock técnico que vino después reaccionó —consciente o inconscientemente— contra esa simplicidad. Los músicos serios buscaron complejidad, legitimación y sofisticación formal. Nada de eso es negativo por sí mismo. El problema surge cuando la técnica se convierte en el fin y no en el medio, y muchos músicos cayeron en ese error. Sin generalizar, por supuesto.

Los Beatles demostraron que la música avanzaba por el cambio de perspectiva y no por la acumulación de habilidades, lo que sigue siendo incómodo de aceptar para muchos músicos que basaron en su ego y arrogancia la herramienta para hacer música.

¿Ringo?


Vale la pena detenerse un momento en Ringo. Su forma de tocar no es espectacular, pero es profundamente musical. En su trabajo con los Beatles desplazó acentos, creó frases rítmicas memorables y, sobre todo, escuchó a los demás. No tocó nunca encima del grupo porque Ringo tocaba con el grupo. Una diferencia importante, si se aprecia bien, y muchos bateristas técnicamente superiores jamás lograron eso.

La verdadera ventaja de los Beatles no fue su falta de virtuosismo, sino lo que esa falta les permitió como no competir, no demostrar, no justificar, ni impresionar sino de solamente crear.

En una época donde la técnica se exhibe constantemente —en redes, escenarios y estudios—, los Beatles siguen recordándonos que la música no siempre necesita virtuosos sino ideas, y especialmente intención. Tal vez por eso su obra sigue viva. Digamos que nunca intentaron ser perfectos y esa era la base de que funcionara bien.

Puede decirse sin temor a pecar que Ringo Starr fue el baterista que entendió la música antes que la técnica. Durante décadas, Ringo ha sido el blanco fácil de chistes, comparaciones injustas y análisis superficiales. En un mundo obsesionado con la velocidad, la complejidad y la exhibición técnica, Ringo fue etiquetado como limitado. La ironía es compleja porque esa supuesta limitación fue precisamente lo que lo convirtió en un músico irrepetible.

En cierta charla entre Keith Moon y Tom Jones (en el programa de televisión de Jones), Keith dijo que Ringo era el metrónomo humano perfecto y que el mundo se distraía amando a Lennon y McCartney, y a veces a Harrison, pero ignoraba a Ringo, cuya nariz era más famosa que él por culpa de esa ironía. Jones rio la broma y luego la mencionó años más tarde pero él agregó que:

“Keith Moon y Ringo Starr definieron el modelo de baterista perfecto de los años sesenta. Incluso los Wreking Crew (famosos músicos de estudio) copiaron sus estilos y técnicas. Ninguno de los dos hacían solos impresionantes de batería pero eran perfectos y muy exactos. Hoy hay discos en directo (en vivo) que incluyen solos de batería que te permiten tomar dos tazas de café mientras ellos terminan de tocar esos solos y eso es muy aburrido”

En la lógica de Tom Jones (y algunos otros excelentes músicos) Ringo no tocaba para impresionar porque tocaba para hacer existir la música. Roger Taylor (Queen) e Ian Paice (Deep Purple) tienen a Ringo como su primera influencia y ambos bateristas también tocan otros instrumentos.

Ringo nunca intentó ser un baterista solista. Su prioridad no era destacar, sino sostener el relato musical. Escuchaba las melodías, entendía las letras, percibía el carácter emocional de cada canción y construía su parte desde ahí. Hasta el día de hoy muchos Beatle Fans reconocen el beat de Ringo por encima de los pecados mal ejecutados de Paul McCartney intentando tocar la batería en algunas canciones del White Album y la pieza más autocomplaciente de John Lennon, The Ballad of John and Yoko.

El criterio expresado sobre la forma de tocar de Ringo explica por qué tantos bateristas técnicamente superiores pueden imitar sus patrones, pero no la calidad ni la intención. Si hubiera que definirlo en palabras sencillas, podría decirse que Ringo tocaba desde la canción y no precisamente desde el instrumento.

Para Ringo, mientras fue un Beatle, la música era Groove y no gimnasia y llenaba su trabajo con decisiones sutiles como acentos desplazados, frases rítmicas contagiosas, fill-ins aparentemente sencillos pero imposibles de copiar y un pulso que, lejos de empujar las canciones, las acompañaba.

Ringo no buscaba el metrónomo perfecto porque buscaba respiración en la loca dinámica de John y Paul. Tal vez por eso su batería hoy suena muy humana (en una era de comercialización extrema, loops prefabricados y miles de lecciones en video en YouTube. Malas en mayoría).

Muchas de las tomas clásicas de los Beatles no serían aceptables en un estándar moderno de producción porque ellos basaban su trabajo en le creación a partir del punto de creatividad y, en ese sentido y a pesar de las primerizas descalificaciones de George Martin, Ringo fue en los Beatles un elemento imprescindible.

La idea de que Ringo haya establecido mucho del fundamento rítmico del Rock Progresivo es una retórica incómoda para algunos puristas porque el rock progresivo suele asociarse con la complejidad técnica, las métricas irregulares, los cambios estructurales y la ambición conceptual.

Pero antes de que todo eso se convirtiera en exhibición, fue una forma de pensar la música. Y en ese sentido, Ringo fue profundamente progresivo. Grandes progresivos como David Gilmuor, Rick Wright, Rick Wakeman, Phil Collins, Carl Palmer, Keith Emerson y hasta algunos Hard Rockers como CozyPowell, Ritchie Blackmore y Jimmy Page, entre muchos más, han coincidido con la sutil contribución de Ringo al haber abierto la puerta a la experimentación rítmica.

Para todo aquel que se tome un tiempo escuchando detenidamente, saltará a la vista el hecho de que Ringo no repetía patrones por inercia, adaptaba su forma de tocar a cada canción, rompía expectativas rítmicas (sin alardear) y pensaba la batería como parte de la narrativa

Canciones como Tomorrow Never Knows, A Day in the Life o Rain no existirían sin su enfoque conceptual. No hay virtuosismo evidente, pero hay decisión estética, que es el verdadero corazón del rock progresivo en el que Ringo tiene mucho qué ver.

Es cierto, no obstante que posteriormente muchos músicos progresivos prefirieron

distanciarse de los Beatles porque necesitaban legitimarse como música seria”. Admitir que un baterista sin solos interminables ni métricas imposibles había sido parte del origen resultaba incómodo. Irónicamente, Ringo está ahí como referencia del back to basics para comenzar a trabajar debidamente el perfil rítmico de la música.

Ringo representaba lo que el progresivo quiso dejar atrás que fue la simplicidad aparente, la intuición y el servicio a la canción. Antes de que el progresivo fuera técnica, fue actitud; y esa actitud ya estaba en los Beatles con Ringo incluido.

Ringo Starr no cambió la forma de pensar del rol del baterista dejando evidente que la música no necesita demostrar nada, que la técnica es un medio y no la finalidad y que el verdadero avance no se hace con alarde.

John Lennon por su parte ha merecido mucha devoción por parte de los que vivieron los años sesenta, setenta y ochenta —y por consecuencia su muerte—, hasta los jóvenes actuales que han heredado el gusto por los Beatles. Una verdad racional es que John estaba bastante lejos de ser técnicamente impresionante. Lo curioso es que al día de hoy, es una referencia obligada como artista y músico (y en algunos niveles como ideólogo político de izquierda).

La forma de tocar de John tampoco ha sido del todo bien apreciada pero él era bueno a su manera como guitarrista. Durante sus conciertos con los Beatles en el Hollywood Bowl, Lennon cubrió la guitarra de George cuando el amplificador de este se había fundido. En Australia se había desconectado el backline y, mientras lo conectaban de nuevo y solamente sonaba su amplificador, John tocó algunas piezas instrumentales por casi quince minutos mereciendo el aplauso de las alocadas chiquillas que minutos antes gritaban como locas.

Probablemente los solos de guitarra de Lennon no eran tan refinados como los de George o Paul pero definitivamente John Lennon tenía una proyección armónica que se destacó desde su época como Beatle hasta su último álbum en 1980, Double Fantasy. Y en ese sentido fue bastante más diestro que el propio Paul.

George Harrison es un capítulo aparte. Digamos que George siempre priorizó, como Ringo, calidad sobre cantidad y sus breves solos de guitarra dejaron más marca histórica que, por mencionar alguno, Yngwie Malmsteen (a quien se le concede su genio, por supuesto). La guitarra de George fue el catalizador de muchas de las mejores canciones de los Beatles y eso fue importante desde 1959 como los Quarrymen hasta 1967, que fue cuando George comenzó a punzar como compositor.

Siendo ya un compositor, George fue el de las sorpresas. Desde los álbumes Rubber Soul y Revolver sus canciones hicieron peso en el repertorio Beatle (y una de sus canciones, If I needed Someone, llegó a aparecer en las gira todavía). En Sergeant Pepper hubo una canción de George que marcó el antes y después del sonido de la década de los sesentas con la influencia de la música hindú, Within You, Without You. Aunque su sonido Rickenbacker ya había tomado antes la atención del folk en los Estados Unidos y del underground londinense con Pete Townshend como primer pupilo. Como sea, en este punto George comenzó a pesar por sí mismo casi tanto como el binomio Lennon-McCartney.

Paul McCartney es la piedra angular de muchas situaciones entre caóticas y de diplomacia absoluta dentro de loa Beatles. En cierto modo él era el elemento idóneo para encabezar al grupo por el lado de las relaciones públicas en ausencia de Brian Epstein pero, como los otros, Paul carecía de la capacidad empresarial para el manejo de las arcas. Algo que quedó probado después de que Epstein falleciera en 1967.


Musicalmente Paul era el más diestro en cuanto a ejecución de instrumentos —probable excepción de la batería— y el más enfocado a la amplitud armónica. La inflexión que exacerbó su ego fue la producción de Yesterday en la que solamente él, su guitarra y un grupo de cuerdas fueron los protagonistas.

George y John hicieron mucha mofa del protagonismo de Paul después del lanzamiento y promoción de esa canción y fue la columnista Maureen Cleave quien lanzó un grito de advertencia al decir que:

“La canción es hermosa pero pareciera que la maquinaria que hace dinero con sus discos ha encontrado su favorito para ser un solista perfecto para el día en que los Beatles se separen…”.

Cleave no había hecho el comentario con intención de molestar a nadie (como su columna respecto a la opinión de John sobre Jesucristo) pero eso fue una prima profética. La creación del álbum Revolver definió muchas marcas registradas de Paul en la creación musical que luego brotarían abiertamente en Wings (la banda que formó con Denny Lane y Linda Eastman después de la separación de los Beatles).

Ciertamente Paul tenía una visión más compleja que los otros respecto a la creación musical, pero John —no siendo mal músico de cualquier forma— tenía una perspectiva lírica que superaba incluso a Bob Dylan.

Las dos ideas siguientes, una vez hubieron dejado las giras y la beatlemanía,

fueron Sergeant Pepper’s Lonely Hearts Club Band y Magical Mystery Tour y ambos proyectos fueron impulsados por Paul. El primero fue un éxito comercial que superó y batió a todos los artistas del momento e incluso Jimi Hendrix hizo una improvisada versión del tema principal mientras los Rolling Stones respondieron con un álbum pleno de buenos temas que, aún siendo buenos, eran una tímida manifestación hippie tomando en cuenta la dureza y rebeldía blues acostumbrada por ellos. Their Satanic Majesties Request fue su intento de competir con los Beatles en 1967 tratando de estar a la altura de los Beatles.


El éxito de Sergeant Pepper ha hecho trascender su propia grandeza hasta convertirlo en un concepto de culto al día de hoy. Pero Magical Mystery Tour no tuvo la misma suerte. El álbum no fue de hecho lanzado como tal sino como un Extended Play doble de seis canciones al que luego le fueron agregadas otras canciones que habían sido destinadas a ser singles. Tratando de aprovechar el impulso inicial de Sergeant Pepper, y viendo la lenta aceptación de Magical Mystery Tour, Paul tuvo la ocurrencia de realizar una película experimental apoyando el disco. Ya que técnicamente no había manera de promoverlo con una gira ni los otros querían volver a salir. Por supuesto fue el primer fracaso de los Beatles.

En ese momento Paul era el Beatle más relacionado con el ambiente musical y quien más daba la cara al público mientras los otros se habían metido a sus casas negándose a manifestarse de ninguna manera. Paul mantuvo las cosas a flote a su manera y en el proyecto del Álbum Blanco fue que se enfrentó al hecho de que los otros ya no mostraban muchas ganas de trabajar en equipo.

De todo el proyecto, las canciones para la radio fueron Obladi-Oblada y While My Guitar Gently Wheeps y la aceptación fue buena mientras Paul se esmeraba en justificar los alocados experimentos de Wild Honey Pie y Revolution N° 9 que fueron hechas pedazos por las críticas. Paul trató por todos los medios de mantener la atención del público en el grupo pero tuvo un boomerang debido a una canción que él hizo como una parodia hacia Chuck Berry (quien había regresado del frente).

Berry había publicado el single Back in The US (De regreso a los Estados Unidos)

y, siendo héroe de los cuatro Beatles, ellos tomaron a mal la actitud sumisa del músico ante un sistema político como el de Estados Unidos que aún segregaba a la población de color y el propio Lennon había comentado su disgusto ante la humillación funcional del gobierno americano y que el propio Chuck Berry asumiera ese papel que claramente lo humillaba a él y a la población afroamericana.

Como respuesta, Paul escribió Back in The USSR (De regreso a la Unión Soviética) burlándose tanto del folklore de Estados Unidos como del soviético pero especialmente tratando de darle el mensaje al guitarrista Chuck Berry, quien odió a Paul por el resto de su vida después de eso.

La cosa no se limitó a ello, Paul había conseguido —sin proponérselo— que el gobierno soviético sometiera a debate en sus congresos sobre si los Beatles tenían buenas intenciones políticas o definitivamente  se estaban burlando de su sistema. La ironía es que al día de hoy Vladimir Putin ha señalado que le gusta esa canción. Pero en esos días al finales de los años sesenta los Beatles quedaron en el ojo político internacional debido a la canción de Paul.

Los Beach Boys agradecieron la referencia (en los coros) haciendo incluso su propia versión de la canción, pero Elvis Presley llamaría a los Beatles como despreciables ingleses anti-americanos.


Pero aquí es donde Paul McCartney adquiere una grandeza implícita que nadie ha querido reconocer. Escribió una canción con bases del Rock and Roll americano desde la perspectiva del enemigo al que tanto atacaba Estados Unidos. Es decir, le dio voz a un personaje soviético cantando una canción inglesa de Rock tipo americano cuestionando la estupidez de la política internacional que había provocado guerras como la misma de la que Chuck Berry había regresado siendo un soldado de color. Sin pena ni gloria.

En ese sentido, Paul resultaba tan pacifista como luego John alardearía ser.

Es cuanto

Messy Blues


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